Pequeño ejercicio sobre algunas instituciones

1.

Le pido a Lorante permiso para ir al baño. Desde la puerta del aula le hago una seña a Anto para que me acompañe. Ella ya sabe pero se hace la concentrada en las ecuaciones y mira fijo el pizarrón. Agito las manos intentando que Lorante no me vea y Antonella reaccione. Ella me pone cara de qué hambre y se levanta. Escucho desde el pasillo como Lorante le dice que así vos y tu amiguita no van a aprobar nunca y Antonella le contesta con toda simpatía que no le importa, que ella va a ser actriz y  matemática no le va a servir para nada. Lo deja balbuceando algo como estás equivocada matemática sirve para todo. Pega un portazo, me agarra de una manga y me arrastra diciendo apurate o este nos manda a marzo directo. Corremos. Ella corre tironeando la pollera de su uniforme para que parezca más larga.

Entramos al baño. Las dos tenemos cara de náusea. El olor es insoportable. Las monjas no le pagan hace un mes a las de maestranza, que improvisaron una huelga y toman mate en un cuartito. Nadie limpia.

Antonella me pregunta si no podía haber esperado al recreo. Yo le digo que me aguanté el pis toda la noche y que ni siquiera desayuné, que al recreo no llego. Las instrucciones dicen que bastan tres horas de retención, pero todo el mundo sabe que cualquier análisis importante debe hacerse con el primer meo de la mañana.

2.

Juli vino a vivir con nosotras cuando yo tenía cuatro años. La veíamos seguido, pero una noche llegó llorando desconsolada y se quedó para siempre. Traía una valija y una botella que abrieron con mi mamá (yo todavía le decía mamá).  Me quedé en el sillón acurrucada. Juli contó algo sobre el novio con el que vivía. Él no la quería más. De hecho la odiaba. Se tomaron la botella y mamá trajo otra de la cocina.  La terminaron y Juli no lloraba más. Yo me quedé dormida. Cuando abrí los ojos, Juli y mamá bailaban. Sonreí y me quise sumar, pero no lo logré. Ellas bailaban abrazadas. En la mesa ratona había cuatro botellas vacías. Ni siquiera me miraron.

3.

Salimos del baño. Antonella me pregunta cosas. Qué vas a hacer. A quién le vas a decir. En un claustro cruzamos a Sixta, la hermana más joven. Nos frena. Sabe algo. No. Quiere saber por qué no estamos en clase. Ya vamos, decimos. Caminamos en silencio al aula.

Suena el timbre. Salimos al recreo. Tomo agua mineral.  Antonella me abraza. Nos sentamos en un banco largo. Me dice que Mariana me va a matar, pero que tal vez Juli me ayuda. Antonella sabe, tiene razón. Les digo que por ahora no voy a contarles nada.

4.

Durante la primera época para los vecinos del edificio Juli era una amiga de la familia o mi mamá les decía que era mi tía. Después dejaron de preguntar. Más adelante mi mamá me dijo que Juli también era mi mamá, pero que eso no lo anduviera diciendo, menos en la escuela y menos que menos a mis abuelos, porque toda esa gente cercana a Dios no iba a entender nada. En casa sí: Juli podía darme órdenes, retarme o controlarme la tarea como hace una mamá. Esa época era confusa. No entendía cómo todo eso podía ser un problema para nadie ni que tenía que ver Dios, si nosotras le rezábamos casi todas las noches. Y lo que no comprendía ni un poco era cómo Juli podía ser mi mamá y al mismo tiempo no serlo.

Yo era chica pero decidida: le saqué el título a mi madre y empecé a llamarla Mariana. Si ella y Juli iban a tener las mismas obligaciones, que tuvieran también, o no,  los mismos privilegios.

Juli era la que me leía todas las noches. Mariana trabajaba más horas, me traía regalos (cuanto más tarde llegaba, más grandes los regalos) y  era la que más me retaba.

Todos los viernes y sábados y algunos otros días de la semana la mesa ratona se llenaba de botellas vacías y ellas bailaban. A veces yo también. Al otro día ellas dormían o vomitaban. Yo tiraba las botellas en bolsas gigantes de nylon negro.

5.

Le pregunto a Antonella si puedo dormir en su casa. Pasamos por la mía buscar ropa. Juli está en el living. Me acerco a darle un beso y ella me olfatea el hocico. Piensa que estoy fumando. La que tiene ese olor es Antonella. Yo no fumo, ahora tampoco podría aunque quisiera. Juli sigue sospechando y me dice no seas boluda, que no te vaya a encontrar Mariana con un pucho.  Salimos y en el ascensor Antonella me reta. A Juli tendrías que haberle dicho algo.

6.

Las malas palabras las aprendí con Juli. Mariana también puteaba pero si me llegaba a escuchar a mí se enojaba muchísimo. En cambio Juli se reía y me apretaba los cachetes.

Las tres hablábamos de muchas cosas, especialmente durante las noches de botellas y baile. Casi siempre Mariana terminaba recordándome que lo que habláramos se quedara allí porque no en todas las casas se conversaba tanto y otras familias se podían ofender. Creo que lo decía por las familias de mis compañeras en la escuela de monjas a la que quiso mandarme. A mí me daba risa porque se refería a la escuela como si fuera un internado estricto y exclusivo. No. La verdad  es que es un colegio privado de barrio, ni siquiera tan caro, y para nada exigente. A ella siempre le pareció importante que yo supiera rezar, que le hiciera caso a la catequista y que no ofendiera a Dios.

Si no hacés nada que ofenda a Dios, va a estar todo bien.

7.

Los cuatro hermanitos de Antonella están merendando. La mamá reta a Antonella por no avisar que llegaba más tarde. La castiga pidiéndole que le cambie el pañal al más chiquito. Yo lo alzo. Huele peor que los baños del colegio. Lo llevo a upa hasta su cuarto. Antonella me dice al oído: andá practicando.

Acuesto al bebé en el cambiador. Saco el pañal y lo cierro con una mano. Con la otra le tengo las patas y le queda el culo sucio en el aire. Antonella me trae todo para limpiarlo. Me explica cómo hacerlo. Después de ponerle talco me quedo mirándole el pito al bebé. Con un algodón le rozo la punta y se mata de risa. Yo me río por primera vez en todo el día. Es un pito inofensivo.

8.

Una noche, hace un par de años, después de algunas botellas,  Juli y Mariana se sentaron para hablarme sobre sexo. No era la primera vez que salía el tema  pero me veían más grande y se preocupaban. Especialmente Mariana.

A medida que pasaban las copas, la conversación se ponía más explícita. Juli nombraba a las partes del cuerpo con las mismas palabras que usamos con las chicas de mi edad. Mariana insistía con las de diccionario: pene, vagina, coito. Juli me preguntó si me habían explicado en la escuela. Mariana dijo por supuesto que no, es un colegio de monjas, para esto nos tiene a nosotras. Después hizo fondo blanco con la última copa, me miró y me dijo que lo importante, lo verdaderamente importante, era que yo no fuese una puta. Juli puso la cara de qué hambre que siempre pone Antonella, y las tres estallamos de risa.

9.

Alzamos al bebé. Vamos al cuarto de Anto. Ponemos música. Yo bailo con el nene a upa.

No sé muy bien qué hacer.

10.

Hace unos meses les conté que me gustaba un chico. Que era divino. No era noche de baile y botellas pero  en silencio Mariana sacó un vino del estante y lo descorchó. Juli agarró su copa y me miró tierna con una sonrisa.  Yo no comenté más nada ni les hablé de cómo nos apretujábamos cuando me pasaba a buscar por la escuela. Mariana me dijo que ella no me podía prohibir tener novio, pero que la idea no le gustaba. Que los chicos te quieren solo para eso y después se borran y que hay que cuidarse y que es una distracción. Se puso a caminar con la copa de lado a lado y supuse que se había acordado de mi papá.

Yo les dije que siempre me portaba bien, que no podían decir nada malo de mí, que era buena alumna, que ni siquiera decía malas palabras (eso era un poquito mentira, Juli me relojeó de costado). Me enojé.

11.

Digo que Mariana me va a matar, que ella me manda a un colegio religioso y  yo le salgo con esto. Que al final es como dicen los del industrial: las que vamos al de monjas somos las peores. Y que ahora tengo que tomar una decisión o fugarme.

Con tanta mala suerte digo esto que la mamá de Antonella está apoyada en el marco de la puerta y me escucha. Hago como si no estuviera hablando de lo que hablo. La madre de Antonella le pregunta a la hija qué pasa. Antonella no le cuenta nada a la mamá pero tampoco le miente a la mamá porque en la casa de Anto, igual que en la escuela, mentir está mal. Como no se le ocurre nada, dice en voz alta: Celeste está embarazada. Y me señala con el dedo como si la madre no supiera que yo soy Celeste.

12.

Hasta hace un tiempo escuchaba a Mariana hacer ruidos. Yo creía que eran ruidos que hacía por hacer cosas con Juli, pero una vez dejaron la puerta abierta y la vi llorando y rezando.  Me pregunté cómo hacía Juli para aguantarla.

13.

Varias hermanas me rodean en el despacho de la rectora. Reconozco a Sixta porque es la más joven. Las otras me parecen todas iguales.

Me interrogan. Buscan saber si es cierto lo que cuenta la madre de Antonella. Quiero mentir pero mentir está mal. Les digo que sí. Empieza el sermón. Pecado. Decepción. Carnal. Colegio. Expulsión. Me dicen que van a tener que hablar con mi madre.

¿Con cuál de las dos?, les pregunto.

14.

Yo siempre le contaba a Juli que en el colegio las monjas y las preceptoras me miraban raro. Ella me decía que no había sido su decisión mandarme ahí y que a Mariana no le pudo sacar de la cabeza la idea de la escuela privada y católica, porque pensaba que en las públicas y laicas no se ponían límites y que cualquier niño o adolescente los necesita y ella sola no iba a poder.

15.

Llueve. Salimos con Juli a buscar un taxi porque pedirlo por teléfono es imposible. Pisamos baldosas flojas y mi paraguas se da vuelta con el viento. Caminamos hasta la esquina. Le pregunto si sabe cuánto reposo voy a tener que hacer. Me dice que vamos a hacerle al médico todas las preguntas. Yo quiero que todo se termine y empezar en la escuela nueva. Vemos venir un taxi por la avenida. Le digo que no lo pare y que no se enoje, pero que volvamos porque quiero que me acompañe mi mamá.

.monjita

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