Diálogo

—Che, ¿qué onda? ¿No escribís más, vos?

—Sí, sí. Escribo. Pero viste que mucho tiempo no tengo, a veces se complica.

—Qué boluda, después te quejás. Estaba bastante bien lo del blog, no lo abandones.

—¿Te parece? ¿Seguir con el blog? ¿No es medio 2004?

—La verdad que sí.

—…

—Es lo que hay. Tampoco sos tan buena. Aprovechá que así te leen dos o tres. Yo te leo.

—Gracias.

—¿Tenés algo para publicar? Subilo hoy. Llueve, no sale nadie, hay mucha gente sola. Tal vez te leen un par más.

—Mmm…no se me ocurre nada. Estaba con la historia de Carlos, que es el gato de una amiga de una amiga. Un flash. Lo rescató en la escena de un crimen. Creo. Bah, no sé. Pero es viejito, y discapacitado…

—No, no me gustan los gatos.

—Ah. Bueno. Igual estaba bloqueada. No la seguí.

—¿Por qué no posteás ese cuento que leíste en el taller, el de la mina que hace caca cuando…?

—¡Ni loca! Lo leen mis tíos el blog. Y mi papá.

—¿Viste? Somos más que dos, entonces.

—Al final me metiste fichas y no me tirás un centro.

—¡Ya sé! Tenés que terminar el cuento de la corista. A ese si le das una vuelta de tuerca le podés sacar el jugo.

—Lo tengo que trabajar mucho, ni ganas.

—Metete en Facebook y escribí sobre algún contacto. Siempre hay algún patético del que hablar.

—Esos se cargan solos.

—Inventale una trama al que sube fotos de quesos.

—Me da hambre.

—¿Una historia de amor entre esa que era medio macrista y el ultra-k que armaba esos memes horribles?

—No me quedan más contactos macristas.

—Eso es lo que vos creés.

—Es lo que elijo creer.

—No funciona así. Además, mostrás la hilacha: sos intolerante.

—No voy a tolerar que me digas eso.

—Sos muy prejuiciosa.

—Hay que ver dónde se para uno para decir eso. En definitiva el prejuicio es estadística aplicada.

—Seguís sin escribir.

—Estamos hablando.

—O no.

—Sí. Esa raya que hay delante de cada línea es un guion de diálogo.

—¿Y?

—Es el signo que demuestra que esta es una intervención mía.

—¿Y esta?

—Tuya.

—Igual guion va con acento en la o.

—No. Chequealo en la web de la RAE.

—Ahora la señorita está atenta a las reglas ortográficas.

—No entiendo la agresión.

—Qué sensible, ¿estás indispuesta?

—No. Podrida. Vos me tenés podrida.

—En el fondo me querés.

—El tiempo lo dirá.

—Podés escribir sobre el tiempo.

—Toda escritura es sobre el tiempo. Por eso es inabarcable e infinita.

—En tu caso, parece que se termina todos los días. Finita.

—El límite que impone la capacidad.

—Eso lo dijiste vos.

 

La corista

 

Lo bien que hacía la madre de Sole en estar atenta y preocupada. Una cosa era el coro, con todos chicos y chicas de la misma edad, del barrio, de la parroquia. Otra cosa. Otra cosa. Otra cosa era la banda.

En la banda Sole era la única mujer. A la madre no le gustaba nada. Y eso que la madre no sabía ni la mitad del asunto, porque si hubiera estado enterada habría hecho lo que cualquier buena madre: encerrarla hasta que reflexione, se arrepienta y pida perdón.

 

—No. No me sale. Ni ganas.

 

 coristaaaa

 

 

 

 

 

 

 

 

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